ANTOLOGÍAS DESDE 2015 A 2019
POETAS EN RED CÁCERES 2016 participó con los poemas
"Tu somos todas" y "Galas de piel"
(Entrevista realizada por Esther Freire a Mercedes Dueñas organizadora del evento emitida en el programa radiofónico "Al norte de las letras")
Lo que no se nombra no existe.
Pau
-Hablemos de tu pasión: las estrellas –dijo el profesor Aymar a su amiga Silvia, ambos compartían la afición de observar con el telescopio, desde su apartamento de Chueca, el cielo de Madrid.
-¿Qué te
parece toda esa masa de estrellas? ¿Maravillosas verdad? No sabemos quién es
cada una porque no están registradas con un nombre. Me interesa mucho
que observes aquella a unos cinco centímetros a tu derecha: 61
Cygni una estrella binaria visual en la constelación
del Cisne formada por dos estrellas.
Aparecen como un par de color rojo-naranja, siendo uno de los astros
dobles más hermosos
observables. Sabemos quién es, la conocemos por su nombre.
Aymar dejó el telescopio y mirando fijamente
a Silvia a los ojos le dijo:
-Vale, se va a producir un terremoto, se van a
tambalear los cimientos. ¿Quién habló de zona de confort? ¿Pero dime cuándo vas
a estar tú en esa “zona de confort” de la que no salen los demás? Afectarás a muchas
vidas, personas que quieres y que no quieres. Por alguna razón tienes que ser
tú, precisamente tú, quien remueva conciencias y abra mentes. Si, te voy a decir cuál es la razón:
lo que no se nombra no existe. Bienvenide a la vorágine, ahora tienes que
decidir si estas dentro o estás fuera de ella.
Ante
la impasividad de Silvia, el profesor daba largas zancadas por la habitación
mientras exclamaba:
-Sin una identificación ajustada a la realidad de su
ser nadie hubiera sabido de la existencia de esos astros, se hubieran
convertido en minúsculas partículas de polvo estelar difuminadas en la nube zodiacal.
No se deben desperdiciar más vidas ni más años. Porque cada uno de nosotres que
logra identificarse, visibiliza a todes. Aunque solo sea por eso, Silvia.
-Pero es que lo que yo quiero es abrir en canal su
corazón. Me interesa eso mucho más que lo que diga el DNI –afirmó contundente
Silvia-.
-¡Por fin! ahí quería yo llegar. Te propongo que vayamos
a un ensayo. No es uno cualquiera, no. Es un lugar seguro, donde te darás
cuenta que juntos llegamos más lejos ¿O te crees que has sido el único ser en
el Universo conocido que se ha sentido así? Tienes una habilidad especial para la
música, Silvia. Es necesario que
conozcas a este coro, “Voces LGTB de Madrid”, que escuches como cantan y
en qué ámbito lo hacen. Ensayan en un local aquí cerca en Malasaña. Preparan un
musical para las fiestas del Orgullo. Antes del día del desfile, lo
representarán en el teatro La Latina, en
centros culturales, de integración, incluso en institutos de Madrid. Te
resultará interesante comprobar que expresarse a través de la música les
conecta directamente con los corazones de los otros.
Al llegar al local Aymar saludó a varias personas
que estaban ensayando. Silvia en un primer momento replegó su crisálida, pero enseguida las
voces, la música y los coristas, todos LGTB, le hicieron sentirse en ese
espacio seguro con el que soñaba pero que aún no había encontrado.
Alguien se le acerco y nada más saludarle le dijo:
– ¿Ya has pensado un nombre neutro para ti? Soy
Milán. Y aquelle contralto es Noah. Significa “paz, descanso”. Aquí, todes al
quitarnos el disfraz hemos dejado de sobrevivir. Ahora vivimos.
Silvia no podía definir si estaba más sorprendida
que encantada por mostrarse tal como era. Allí no llamaba la atención
especialmente por eso.
Tenía que ir al baño, preguntó en que parte del
local se encontraba. Una alegría
interior le hizo sonreír cuando no tuvo que decidir a cual entrar de los dos disponibles.
Ambos eran utilizados indistintamente por personas cis hombres y mujeres o transgéneros ¡No era tan difícil! Pero
aún los aseos públicos con su separación masculino y femenino le recordaban que
no había ninguno para elle.
Durante el ensayo la emoción fue traspasando cada
fibra de su ser. Desde luego le colmó el
espíritu. Y sin pensarlo dos veces, le preguntó a Blanca utilizando un lenguaje
inclusivo, como podía formar parte de la
Asociación y hacer una prueba para cantar en el coro.
El tiempo en aquel edén pasó rapidísimo. Cuando salieron
del local algunos amigos iban para el metro, otros tomaron sus vehículos.
Silvia se despidió de Aymar y se unió al grupo que iba al metro. ¡Qué corto
podía hacerse el trayecto cuando se realiza el viaje sin mochila y con buenos
acompañantes! Hoy no hubiera podido decir de qué color era el suelo del vagón,
había sostenido la mirada a todos los curiosos que, seguro, se estaban
preguntando si era un chico o una chica.
De hecho, al salir del andén en la estación de
Lavapiés, una señora mayor se lo
preguntó. Fue tan entrañable y le hizo tanta gracia su naturalidad que Silvia
le contestó que ni lo uno ni lo otro y quizás todo a la vez.
Y -preguntó
la anciana- ¿podrías ayudarme a situarme
en las escaleras mecánicas? Me siento un poco inestable al tener que decidir el
escalón en el que poner el pie.
Silvia contestó a la señora en tono cariñoso.
-No me
extraña, a mí también han tenido que darme la mano alguna vez y he tomado la decisión
de no tener que decidirme. Me viene bien cada escalón que sale de la
escalera. Pruebe así sin elegir, seguro que le será más fácil permanecer
estable.
Lo que ocurrió después solo sucede en una estación
de metro de Madrid. Silvia y la anciana subían y bajaban una y otra vez muertas
de risa jugando a colocarse con un saltito y de la mano, en algún escalón de los que, con disciplinada
cadencia, ofrecía la escalera mecánica. Cuando dieron por terminado el juego la
anciana le dijo:
-¿Puedo darte un beso? Tu corazón brilla como una
estrella. Y eso es difícil de encontrar. Cuando era joven mantuve una relación
epistolar y siempre firmé como René. Además de ser un nombre francés muy
elegante, era válido igualmente para hombre y para mujer, me parecía muy
erótico mantener la incógnita con mi amante. En una de las cartas me comentó que
mi nombre significaba “Renacimiento” lo que le añadió un atractivo más a mi
personaje.
-René ¿puedo llamarle así? -dijo Silvia- Gracias,
mil gracias, me ha hecho recordar que tengo pendiente poner nombre a una estrella.
Se
despidieron nada más salir del metro en la misma Plaza de Lavapiés. Esa noche
Sylvia entró en casa dispuesta a tener una conversación con su familia. Puede que no fuera en ese momento, pero la
decisión estaba tomada.
Antes de dormir cogió el móvil y puso el siguiente mensaje a Aymar: “Querido profesor denominado Aymar, he elegido nombre: Cygni, estrella binaria visual en la Constelación de Lavapiés”. (ISBN978-84-179Depósito Legal: M-37445-2019)

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